Objetos
Siempre hemos vivido rodeados de objetos. La mayoría pasan inadvertidos, como si formaran parte del aire o del ruido cotidiano. Pero hay algunos que dejan una huella, silenciosa pero imborrable. Son esos objetos que, en algún momento, fueron importantes; que quedaron suspendidos en la memoria, convertidos en testigos de lo que fuimos.
Estas fotografías son fragmentos de mi vida, recuerdos encapsulados en formas que hablan más allá de su apariencia. Está, por ejemplo, la imagen de los muñecos destruidos sobre las camas de una escuela en Prípiat, Ucrania -aquella ciudad modelo que se tuvo que dejar en el olvido por la explosión de la planta nuclear de Chernóbil-. Muñecos abandonados por los niños que tuvieron que huir de la radiación, dejando atrás su infancia entre el polvo y el silencio.
O la escultura de mármol de un ángel que parece haber cruzado la ventana solo para saludarnos, detenido en un gesto de eternidad.
Son objetos que permanecen en la mente como ecos de un tiempo que no se va. Cada vez que los miro, me devuelven a aquel instante, a aquel lugar. Son huellas que resisten al olvido, como si quisieran recordarnos que nada desaparece del todo.